El día que Borges visitó Rosario

con No hay comentarios

Borges en Rosario

El 14 de junio de 1986, falleció Jorge Luis Borges en Ginebra. A 30 años de su muerte recordamos su visita a nuestra ciudad. Desde un lugar diferente –quizás opuesto- de su visión política del país, Borges está siempre presente y lo reconocemos como uno de los más brillantes escritores de nuestra lengua y del mundo entero.

Para recordarlo, quisimos contarles un poco de la visita de Borges a Rosario, allá por 1984. En esa ocasión, lo recibieron Mario Borgonovo y Rafael Ielpi. Borgonovo escribió un artículo sobre la visita y algunas infidencias del autor. Poco tiempo después de publicar dicha nota, fallece el mismo Borgonovo, otro de los inolvidables de la vida cultural de nuestra ciudad.

Nos pusimos en contacto con Rafael Ielpi, quien es Director del Centro Cultural que recibió a Borges en la que fuera la última conferencia que dio en nuestro país. En el 84, el nombre del Centro Cultural era Bernardino Rivadavia, hoy es Roberto Fontanarrosa.

Borges vino a Rosario como parte de un ciclo de “conferencias” llamado “Conversaciones con…”, coordinado por Emilio Stevanovitch. Fueron parte del mismo ciclo: Marco Denevi, Osvaldo Soriano y Jorge Asís. Se trató, sin dudas, de uno de los eventos de mayor trascendencia que se vivieron en el Centro Cultural. El auditorio estaba excedido: con una capacidad para 400 personas, hubo alrededor de 1000 asistentes. Nadie quiso perder la oportunidad de conocer a “uno de los grandes”, un emblema de la historia cultural de nuestro país.

El autor había llegado a Rosario en la mañana del día de la charla. “Lo fuimos a buscar al aeropuerto con Mario Borgonovo”, cuenta Ielpi. Llegó acompañado por su colaborador Norman Di Giovanni, quien también fuera el primero en traducir sus obras al inglés.

En el auto, rumbo a la ciudad, Borges quiso saber dónde estaban. “Le expliqué que transitábamos el barrio de Fisherton y describí las pintorescas casas de estilo inglés que formaban parte de la escenografía de un barrio construido por gerentes del ferrocarril”, dijo Ielpi. Recordó que Borges dijo “Fishertown”. Claro, “el barrio de Fisher” en su idioma original.

“Esta es una muy buena anécdota”, anticipó Ielpi y nos contó: “En un momento, minutos antes de la hora pactada para la presentación, propongo a Borgonovo visitar la sala. Ya había muchísima gente, hasta era difícil caminar. Nos vimos en el aprieto de dejar solo a Borges, por lo que llamamos a Esther para que lo acompañe. Esther era una de las empleadas administrativas del Centro Cultural, una mujer sencilla y muy buena. Con temor de que no tuvieran tema de conversación, con Borgonovo vimos rápidamente la sala y volvimos al lado de Borges. Para nuestra sorpresa, él y Esther se encontraban compenetrados, en plena charla. “Mi hermano era cartero…”, logramos escuchar que Esther le contaba a un atento Borges”, recordó con alegría.

“Él era así, muy sociable. Hablaba con todos, hablaba de todo. Además, tenía un gran sentido del humor, algo cáustico y hasta perverso, sobre todo cuando se trataba de otros escritores. “Ese era buen novelista, ¿no te parece? Pero dicen que la novela la
escribió la esposa”, comentaba sobre uno de sus colegas (que permanecerá anónimo) en la cena que compartieron tras la conferencia”, nos contó Ielpi risueño.

La conferencia no fue tal, se trató más bien de un diálogo entre Stevanovitch y Borges y entre Borges y los asistentes. Emilio le preguntó a Borges sobre su vida, su familia, su madre que tanto influyó en él y en su obra, sobre sus inicios en la literatura
y finalmente, sobre sus libros. Borges contó qué lo había llevado a escribir El Aleph, por qué había tardado tanto en escribir cuentos y citó a quienes eran sus autores predilectos, entre ellos Shakespeare y Cervantes.

Entre los asistentes le hicieron preguntas de lo más diversas e incluso, disparatadas. Cuenta Ielpi: “Recuerdo que uno de ellos le dijo “Debo reconocer que nunca lo leí…”. A lo que Borges respondió “¡Qué suerte!”.

Esa noche cenaron en El Mercurio y tras ello acompañaron a Borges al Hotel Italia, donde se hospedaba. “No me voy a olvidar de que cuando le entregamos el cheque, nos preguntó si lo habíamos escrito a su nombre. Le dijimos que sí, por lo que nos pidió que por favor lo cambiemos y hagamos a nombre de la Asociación Argentina de Ciegos”, concluyó.

Muchos rosarinos no conocen esta historia, no saben que quien es aún uno de los escritores argentinos más reconocidos a nivel mundial, visitó un día nuestra ciudad y fue recibido con la calidez y admiración que merecía. Es por ello que quisimos
traer de la memoria las experiencias de quienes estuvieron con él ese día.

Gracias Rafael Ielpi por compartir con nosotros tus recuerdos y por tu generosidad.

Deje un comentario