Néstor Mozzoni: “Me declaro absolutamente rosarino”

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Si uno desconociera las pasiones de Néstor Mozzoni, sólo tendría que entrar a su estudio para descubrirlas a todas, ordenadas y en armonía. Allí, flotando en una melodía respetuosa, están los instrumentos y partituras del músico, director de coros y arreglador; los muebles antiguos del aficionado a la restauración y la frescura infantil de Javier, su hijo de 4 años que canta y respira música tan naturalmente como juega en la computadora.

Recientemente declarado “Artista Distinguido de Rosario” por nuestra iniciativa, nos invita a parar el tiempo, mate de por medio, y nos cuenta su historia.

Néstor Mozzoni es cantante, clavecinista, organista, director de coros, arreglador y compositor. El inicio de su carrera como músico tiene el color de la mesa familiar y la naturalidad de aquello que viene con la sangre: – No crecí en un ambiente de música en el sentido profesional, pero sí crecí en una casa de melómanos. – nos dice. – Mi madre es hija de padre alemán y si bien su madre era argentina, era descendiente de holandeses. A mi abuelo le gustaba mucho la música clásica, del barroco, la música coral. Entonces, mi madre, por herencia gustó mucho de ir a conciertos, de sentarse a escuchar esta música. Mi padre, como buen tano, era amante del tango, de la ópera y del canto lírico, aunque algo más circunstancial. Por otra parte, mi tío Helmut, hermano de mi mamá,  tocaba muy bien la guitarra y llegó a tocar un poco de folklore en Radio Nacional. Él, un tipo muy riguroso del estudio y de la prolijidad, fue otra gran influencia para mí, sobre todo cuando estudiaba. Recuerdo que mi mamá se juntaba a tomar mates y a charlar con una amiga que era profesora de piano, y nos a mi hermana y a mí a visitarla. Cuentan que yo, con cuatro años, ya me abalanzaba sobre el piano cada vez que lo veía. En una de esas visitas, la amiga de mamá le sugirió “Che, lo veo tan entusiasmado… si querés, le enseño”. Así empecé y no terminé nunca más. Pasó el tiempo y  cambié de profesora porque esta señora debió mudarse a Córdoba, ya que el clima era más benigno para su problema cardíaco severo. Empecé en un conservatorio, y como era tan chiquito, hicieron que comience de cero nuevamente. Pero era una institución formal, con mesas de exámenes. A los 14 años me recibí de profesor de piano; a los 16, iba a la Facultad. Ahora, tanto mi hermana Graciela como yo elegimos la música como medio de vida.

Esta elección de la que Néstor habla fue muy especial, sobre todo porque, además de cursar estudios musicales, también estudiaba Medicina. -Llegué a 4º año de Medicina. Comencé a tener cada vez más compromisos laborales vinculados a la música. También estuvo el Proceso de por medio. No terminé mi carrera en Música, pero seguí estudiando en forma particular. La parte teórica de la música la podía estudiar tranquilo, cuando quisiera. Eso sí, escuchar música no era tan sencillo como ahora: antes íbamos a “Casa Romano” (que ya no existe), y que era la que vendía música. Si nos enterábamos que había llegado un disco que nos gustaba, juntábamos unos mangos entre varios y la semana siguiente íbamos a buscarlo. Pero si no estaba más, porque había un sólo ejemplar y ya se había vendido,  chantajeábamos al vendedor para que nos diga quién lo había comprado, porque sabíamos que quien lo hubiera hecho era un melómano. Le golpeábamos la puerta para que nos deje escuchar el disco. Hoy eso es impensable.

El canto coral es una de las disciplinas musicales en la cual el nombre de Néstor aparece como referencia ineludible. Director del Coral Fisherton desde 1980, pasando por Carpanta (1983-1995) y desde el 2004 del  Coro Polifónico Municipal de Gálvez, entre 1976 y 1991 integró como tenor, instrumentista y ayudante de dirección el Conjunto Pro Música de Rosario. Con esa formación participó de las giras por América (1979 y 1981) y Europa (1984). -El canto es algo muy familiar para mí. – expresa. -Sobre todo se vincula a la rama alemana de la familia. Cuando éramos chicos era común hacer reuniones de Pascuas, Navidad y otras celebraciones en familia. En esas fiestas se cenaba, se brindaba y había un rato destinado a cantar villancicos tradicionales, a varias voces. Me recuerdo cantando “Noche de Paz” en alemán desde chiquito. Actualmente, a veces, mi hermana se encarga de reunirnos a todos: mi mamá, que hoy tiene 86 años, los tíos que quedan, nosotros… Todos cantamos cuando ella saca la guitarra.

Es probable que de aquellas sobremesas, Néstor le haya tomado el gusto al canto colectivo. Y su repertorio no reniega de nada que a él le parezca bueno. Bromea diciendo: -A mí me odian tanto los que hacen música popular como los que hacen música culta. Me he pasado de un lado a otro toda mi vida, con total soltura. He hecho cosas con Heredia o con Fander como con Larguía o  Miguel Ángel Estrella. Me gustan las cosas que están hechas con calidad. Lo que no refiere a mucho o poco. Uno piensa “¡Ah, la orquesta!”. Pero la orquesta no te sirve para tocar una baguala. Trasvasar una cosa a otra implica que vos puedas llegar a la esencia de algo y que eso trasladado a tu lugar, no se pierda. Si vos escuchás una chacarera que tiene  otra instrumentación, pero podés darte cuenta de que es una chacarera, quiere decir que la esencia no se perdió. Por ejemplo, el último disco que grabé con el Coral Fisherton se llama “Evoluciones: desde el madrigal al folklore”, que son dos de mis “patas”. Cuando arranqué mi carrera coral, los grupos vocales hacían folklore latinoamericano, aparte de todo el cancionero popular que surgía del Nuevo cancionero de Mendoza. Cuando estuve en Promúsica me encontré con todo un mundo de música antigua del Renacimiento español, que da forma a nuestro folklore. Tras unos años hice un trabajo de investigación, no formal, como divertimento. Elegí entre un montón de madrigales italianos, españoles, franceses, ingleses y alemanes, junto con 5 regiones folklóricas argentinas, hice una suerte de enlace de temas. Eso siempre me gustó: unir cosas que parece que no tienen muchos puntos en común. Y sobre esto, siempre cuento esta anécdota: con Promúsica fuimos a tocar a Humahuaca. Pensábamos “¿Qué vamos a hacer nosotros tocando música de la Edad Media en Humahuaca?”. Después nos encontramos con que en la Edad Media se usaban muchísimo la flauta, acompañada de un tamborcito… la música era casi la misma que la que escuchaban en el norte de nuestro país. Quedaron chochos. Y estábamos tocando música de 500 años antes, pero que tenía un nexo enorme con lo que ellos hacían con una caja y una quena.

A partir de esas experiencias, descubiertas a los 16, 18 años, para mí no existen barreras. Decía uno de mis profesores: “Suponé que hacés una obra de Renacimiento, luego una obra del siglo XIX y después una chacarera. Si  las tres suenan igual, suponiendo que alguna esté bien… dos están mal.  Porque cada una tiene su código y debe sonar de una manera particular. Lo primordial, en mi búsqueda, es eso: que la esencia de lo que uno aborda, estén respetadas. Para que el que escucha acceda a eso que le es familiar. Las notas, la música, tienen los mismos ingredientes. La diferencia se hará según cómo los mezcles o cómo los acomodes.

Anécdotas y comentarios se siguen encadenando, pero hay algo en ese estudio/ museo / taller, y en la casa que lo precede,  que habla de una persona que ha encontrado “su lugar”. Le preguntamos: ¿Qué lugar ocupa Rosario en tu trabajo?  

Con convicción, Néstor nos responde: -Muchos me preguntan “¿Qué hacés acá en Rosario?”. Me preguntan por qué no me fui. Hice música popular durante muchísimos años y la sigo haciendo. No creo en eso de irme a otra parte para hacerla. Me pasó con algunos compañeros que se tuvieron que ir en los 70 y cuando volvieron 15 años después seguían haciendo lo que hacían en el lugar a donde fueron. Y yo siempre decía “Muchachos, en Rosario pasaron un montón de cosas”. No podés ignorar a todos los que siguieron componiendo, creando, evolucionando en Rosario. Si no tuviera el pulso con la gente, no podría hacer lo que hago. Soy un bicho muy rosarino. Nací acá, me crié acá, estudié acá. Me encanta ir por todas partes y he podido viajar mucho gracias a lo que hago. Pero necesito volver acá, tengo mis raíces acá. Puedo hacer cosas internacionales, estudiar sobre músicas europeas, pero necesito estar acá. Me declaro absolutamente rosarino.

 

 

3 Responses

  1. Hugo PHILIPP
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    Grande Nestor, casi no nos conocemos, pero hemos andado casi los mismos caminos en la música. Es como cuando me encontraba con Cristian H. Larguía, y nos abrazabamos cada 15 o 20 años…. o con Rito Jaimes y lo mismo, …. un fuerte abrazo.

  2. Mabel Mirabelli
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    Un orgullo para Rosario. Ejemplo a seguir y valorar a nuestros artistas de nuestra ciudad. Gracias por tu aporte a la cultura.

  3. Olivia Balestra
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    Felicitaciones y toda mi admiración y mi aprobación por declararte "absolutamente rosarino"!!! Gente como vos hace PATRIA, crea valores nacionales ante todo el mundo y contribuye a la identidad argentina, de lo que sos un perfecto ejemplar: padre tano y madre con sangre alemana y holandesa, es decir, fusión de culturas que nos caracteriza. Eso somos: un hermoso resultado, como una rica ensalada. Pero, no tenés el corazón partido con los pies acá y los sueños y deseos allá… en el origen de tus ancestros. Y además de rosarino, sos -repito- un perfecto ejemplar argentino. "…necesito volver acá", …tengo mis raíces acá", "…necesito estar acá". ¡¡¡MUCHAS GRACIAS, NÉSTOR MOZZONI!!!

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