Eduardo Ceballos: “No sé si yo busqué al Teatro o él me buscó a mí”

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En el ambiente del Teatro, su nombre es sinónimo de trayectoria. Prolífico director y docente, hoy dirige la Asociación de Teatros Independientes de Rosario y preside la Asociación “Amigos del Arte”. El nombre de la Asociación resalta un lazo afectuoso, y Eduardo lo remarca con su actitud. Esperamos a una delegación de chicos de sexto grado de la escuela “Cacique Taigoyé”, para una función de “ Zapatones”, obra que Eduardo adaptó para enmarcarla en nuestro Foro de Prevención de Adicciones. Cuando terminó la función, al pie del escenario vacío, nos sentamos a conocerlo un poco más.

Empecé en teatro en 1968 –nos relata Eduardo- No sabía bien de dónde salió esa vocación, porque no hay artistas en mi familia. Pero mi madre me contó que mi abuelo, descendiente de alemanes, tenía un baldío en mi ciudad natal, Firmat. Ese baldío, ahora veo, fue muy importante, porque cuando iban los circos a Firmat, mi abuelo les prestaba el terreno y teníamos entrada gratis. Entonces, mi abuelo me llevaba desde mis 2 años, a cada función. Siempre fui un enamorado de los payasos, y después de esa charla con mi vieja, me di cuenta de por qué.

Pero Eduardo no hizo teatro desde pequeño. – Después de vivir 3 años en Río Grande, Tierra del Fuego, en 1967 vine a Rosario a pasar las fiestas de fin de año. – evoca. -Me encontré con mi familia y no volví más al sur, pero además de ellos, no tenía ni conocidos ni amigos. Pasaron seis meses de deambular, hasta que vi en el diario “la Capital” una gacetilla que decía “Se dictan cursos de teatro en el Club Provincial”. Asistí a esas clases y nunca más paré.

Además de ser actor, Eduardo es docente y director teatral. -Mi vocación docente la encuentro en mi viejo –nos cuenta. -Él trabajaba en Vialidad como capataz. En uno de los recorridos que hacía arreglando rutas, pararon en San Andrés de Giles. Entre los empleados había un muchacho santiagueño, de apellido Cabral, que no sabía leer ni escribir. Los patrones siempre hacían alguna “agachada” con los números, y no le liquidaban siempre lo mismo. Mi viejo lo veía, y le daba bronca. Entonces, cada tarde, después del trabajo, Cabral iba a mi casa y mi viejo le enseñaba. Con paciencia, aprendió.

El ida y vuelta de la charla nos muestra que este hombre no hace teatro, sino que lo vive, lo respira cada segundo. Esa pasión y su experiencia le dan una visión sumamente rica: -A través del tiempo, sobre todo en la docencia, me di cuenta que yo podía ayudar, contener a la gente. Ahí sentí que no sabía si yo había “buscado” el teatro, o él me había buscado a mí. El teatro no es solamente actuación. Con esa experiencia y esa premisa, me interesé en el psicodrama y lo estudié. Y todas las cuestiones de contención, de lo grupal, de poner el oído y el cuerpo, me lo brindó el teatro.

Los chicos de la escuela Taigoyé disfrutaron de la función de un modo especial: estuvieron sumamente atentos, se rieron a carcajadas, interactuaron con los actores, y ninguno quiso perderse la oportunidad de abrazar a los protagonistas para una foto, o de jugar con la utilería.

Al respecto, dice Eduardo: -Esta experiencia demuestra que podemos llegar al público de un modo tal que mostramos la realidad sin que duela tanto. Si el tema de “Zapatones” lo hubiésemos presentados tal como es, los chicos se hubiesen ido espantados. En la obra, con la escenografía referida al circo, con el vestuario exagerado de los payasos, todo parecía una broma, pero una vez que el público se instaló y empezó a aceptar a los personajes, nada pasó desapercibido. A uno de los personajes, su padre le dejó un recuerdo que, por una parte es amoroso, porque remite a su propia profesión, pero por el otro es hiriente porque era alcohólico. Es un mensaje subliminal que está planteado de un modo tal que llega sin lastimar.

Nos hemos quedado solos en la sala, y le preguntamos sobre el futuro. Nos respondió lo que ya dice su mirada: -No quiero parar, y cuando me relajo en mi casa, viendo una película, me siento raro. Pienso seguir estudiando. Toco el bandoneón, y el año que viene quiero ir a la escuela Municipal a perfeccionarme y seguir en el teatro desde la música. El otro gran sueño que tengo es transformar Amigos del Arte en un Centro Cultural.

“De Interés Municipal”: libro sobre niñez y tiempos judiciales.

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En la sesión del 6 de octubre,  el Concejo aprobó nuestra iniciativa de declarar de Interés Municipal el libro ¿Cuánto tiempo es un tiempito?, del Dr. Marcelo José Molina. La obra, que se presentará el 14/10 en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UNR, reseña la experiencia de niños y adolescentes que transitan pasillos de Tribunales esperando respuestas que no llegan a tiempo. El autor es Juez de familia, fue miembro del Consejo Provincial de Niñas, Niños y Adolescentes de Santa Fe y tiene vasta experiencia como académico en temas de infancia y adolescencia.

 

 

Livia Marcheselli: “Dar es mejor que recibir”

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Livia sonríe. Su cabello blanquísimo dice una edad que ella guarda con discreción, pero esa sonrisa, el brillo de sus ojos y su manera de caminar rebosan juventud y ganas de hacer cosas. Su labor solidaria, que desarrolla en el Círculo de Obreros de Rosario, demuestra ese entusiasmo: junto a otras diez mujeres, lleva adelante un Costurero que elabora y arregla ropa destinada, en mayor medida, a cubrir las necesidades de madres y bebés recién nacidos que atraviesan situaciones de vulnerabilidad económica y social.

Hace 15 años coordino el área– nos dice. – Me acerqué al Círculo porque quedé viuda. Vivo a 3 cuadras, y una señora que venía me dijo “-Bueno, Livia, ahora que te quedaste sola te voy a llevar al Círculo”. Pensé “¿Me quedo en mi casa llorando o, mejor, ocupo ese tiempo en algo útil  Entonces, en vez de quedarme en casa, sola, pensando en cosas que me hacían mal, vine acá. Para mí es más lo que he recibido que lo que he dado, y dar es mejor que recibir.

En el espacio que les asignaron, ubicado cerca del natatorio al que asisten muchos rosarinos, Livia y su equipo reciben, clasifican, arreglan y despachan una enorme cantidad de prendas. –Nosotros recibimos la ropa, que en general está en buenas condiciones. Si hay que arreglar algo, se arregla. También hay señoras que tejen panceritos, saquitos y escarpines para bebés, y otras que cosen ranitas o pantaloncitos, también para chicos chiquitos. Entregamos ese tipo de ropa a la Maternidad Martin, al Hospital Provincial y al Centenario, para las madres que llegan a tener a sus hijos sin nada. A la Maternidad Martin también mandamos ropa para chicos más grandes, porque muchas veces hay hermanitos de los chiquitos que nacen que también necesitan. Alguna vez hemos enviado también ropa para las mamás.

Entre las pilas de cajas, hay rótulos que señalan “Ropa de Hombre”. Livia aclara:-También mandamos ropa al Seminario. Hay chicos que están estudiando para sacerdotes y son muy pobres. Otro destino de ese tipo de prendas es la Colonia de Oliveros. Además, hacemos envíos anuales al Chaco y a Catamarca.

Con una expresión de orgullo, Livia nos muestra la ropita de bebé. Los pequeños pantalones de algodón tienen hermosos detalles, como bolsillos estampados, o cinturas de un color diferente al resto de la prenda. Ante nuestro comentario sobre los diseños, Livia se expresa con cariño: -La señora que los cose siempre les pone algún detalle. Nos gusta eso, porque no porque alguien sea humilde le vamos a dar cosas feas. Las prenditas tejidas, algunas de tamaño ínfimo, son exquisitas: tienen adornos hechos con puntos diferentes, y detalles cuidados. Son el orgullo de Livia, y tal vez su énfasis al hablar de ellos cobra sentido a la luz de su propia historia: sus tres hijos nacieron prematuros, y no lograron sobrevivir. -Eran otras épocas – evoca, sin que su sonrisa se termine de desdibujar.   -Imaginate que teníamos que poner botellas con agua caliente en la cuna para convertirla en una incubadora. No había todo lo que hay ahora. Los bebés tenían que salir adelante por sí solos o no salían.

Esa historia, suficiente para derrumbar a más de una persona, no logró desarmar a Livia. Le sobraban razones para enojarse con la vida, pero en lugar de eso, eligió otro camino y hoy puede ayudar a muchas madres a recibir a sus bebés con un ajuar realizado con esmero.

La entrevista termina y Livia cierra la puerta de su espacio. Pegados en ésta, hay carteles que rinden cuenta de las donaciones, con fechas y destinos, para que los donantes estén informados. -Son tantos los años que tengo que hasta yo me asombro de haber llegado y aún poder dar algo.- nos dice -Y si Dios me da la gracia de que me sienta bien, es  porque todavía puedo hacer algo.

Pedido de informes por la creación del Servicio Local de la Infancia

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Solicitamos al gobierno municipal que brinde detalles sobre la creación del Servicio Local de la Infancia y el fortalecimiento del Programa Infantil Educativo. La Intendenta comprometió en marzo pasado a crear el Servicio Local de la Infancia y también a fortalecer el Programa Infantil Educativo en todos los centros de Convivencia Barrial y en otras entidades territoriales. Específicamente, Mónica Fein dijo: “…debemos garantizarle derechos a todos los niños de 0 a 3 años y tenemos que comprometernos en fortalecer los lazos familiares.” Necesitamos saber si hay avances concretos, o si ese compromiso sólo quedó en meras palabras.

El pedido concreto, presentado el 23 de septiembre, insta al Ejecutivo Municipal a expedirse sobre: Medidas adoptadas o Convenios celebrados para la implementación del Servicio Local de Promoción y Protección de Derechos; cantidad de sedes con las que contará, detallando la ubicación en que funcionaran; equipos profesionales interdisciplinarios que integrarán el Servicio detallando número de profesionales y especialidad; origen y recursos económicos destinados a la implementación del Servicio Local de Promoción y Protección de Derechos.

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Dante Taparelli: Todos los días empieza la vida

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Dante Taparelli es, en Rosario, mucho más que un nombre propio. Podríamos decir que es un “nombre-llave” que, al ser pronunciado, inmediatamente abre la puerta a un universo moldeado desde el arte, volcado a los espacios de Rosario y vivido con una sensibilidad especial. Ese aura envuelve cada uno de los muchos proyectos que este santafesino nacido en 1955 materializa en nuestra ciudad. Rosario lo vio llegar en 1979, como diseñador relacionado con muchos movimientos culturales. Hoy, 37 años después, la ciudad disfruta de sus constantes intervenciones artísticas, de su Museo Urbano Arte a la Vista (que exhibe obras de grandes artistas locales reproducidas como murales en paredes de edificios), de las visitas guiadas por el Cementerio “El Salvador” y de las ferias Mercado Retro y El Roperito.

Mantuvimos con él un hermoso diálogo, surgido a partir de “Las Tres Gracias”, la intervención artística que queremos acompañar, pensada para poner en valor las Chimeneas ubicadas frente al Centro Municipal de Distrito Sudoeste,  que pertenecieron a la empresa Acindar. El proyecto reivindica el valor del trabajo, y sobre él nos brinda Dante su visión, cargada de evocaciones y esperanza.

El trabajo fue, según nos cuenta Dante, un disparador de su visión del mundo y de su vocación. –Mi casa era una “casa-fábrica”- dice. -Vivíamos pegados a la fábrica de mi papá, y por la noche, como había doble turno, toda la casa vibraba y yo no podía dormir. Era muy chico, y deambulaba por el barrio. Recuerdo caminar hasta la esquina, por la calle de tierra, y mirar el farol, que por su forma iluminaba las casas hasta la mitad de su altura…cuando había viento, la luz se movía y yo pensaba que estaba en un barco.

Tal vez esta proximidad familiar con el ambiente fabril, sumada a las duras circunstancias vividas luego de la quiebra del emprendimiento familiar y el divorcio de sus padres, haya dejado una impronta profunda que, en un momento de su vida, lo llevó a impulsar programas que fusionan arte y trabajo, y que generan impacto en lo urbano y en lo social.

-Mi primera experiencia popular fueron los carnavales. Convoqué a los barrios y logré convencer a los directivos de una empresa de cerveza de que era importante hacerlos. El primer año pagamos cachet a 1600 artistas que trabajaron en los festejos. El segundo año trabajamos con los barrios y el tercero con los clubes. Después me involucré con las ferias, y me cambió la cabeza. Puse en acto lo que aprendí de mi viejo, esto de hacer mucho con nada que después se definió con la palabra “permacultura” y el concepto de “mayores resultados con menores recursos”. Nosotros lo hicimos toda la vida, porque cuando mis padres se divorciaron, nos quedamos sin nada. Ella, una retratista francesa que hablaba cinco idiomas, se puso a hacer muñecos que vendía a las hijas de sus amigas, para poder mantenernos. De esa experiencia aprendí también que la vida empieza todos los días; la vida es hoy.

La conversación vira hacia las huellas que la ciudad conserva de su pasado, y del valor que tiene la recuperación de espacios y símbolos. Sobre eso, Dante afirma: –Hay monumentos que, cuando la ciudad desaparezca, se van a rescatar. Son símbolos sobre los que se podrá construir lo destruido. Es importante, como en el cuento de Hansel y Gretel, que haya un “camino de migas de pan” que nos muestre cómo volver cuando estamos perdidos.

La intervención de las chimeneas propone una reactivación simbólica, para que suelten humo y para que su sirena marque el ritmo de un tiempo de trabajo que hoy está en el olvido. “Este monumento va a estar vivo – refiere. Las sirenas sonarán los lunes a las 7 de la mañana  y los viernes a las 5 de la tarde, recordándonos y haciéndonos presente el tiempo del trabajo. La primera nos dará la bienvenida a la semana y la del viernes nos dirá gracias.”

 

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