Entrevista a Marcela Masetti: “La danza rosarina tiene un sello propio, muy vinculado a lo teatral”

con No hay comentarios

 

Cuesta creer que Marcela Masetti sea psicóloga. Repasar su recorrido artístico y académico sólo lleva a pensar en una cosa: danza. Pero tal vez esa sea la clave para entender un recorrido como el suyo: la vocación artística fluye y prospera más allá de cualquier título o etiqueta, se fusiona y produce frutos superadores. Marcela es, además,  Magister en Estudios Sociales Aplicados, y obtuvo su título con una tesis titulada “La danza moderna y posmoderna en Rosario”. Pero hay mucho, muchísimo más: Es bailarina, coreógrafa, docente de danza contemporánea y técnicas corporales. Fue, durante 16 años, integrante del Grupo de Danza Contemporánea de Rosario,  que dirigió por Cristina Prates. Es Rectora desde el 2002 del Instituto Superior Provincial de Danzas “Isabel taboga”. Dirige y escribe obras teatrales donde la danza ocupa un rol importante y ha presentado recientemente “Poéticas en la danza. Nuevos modelos de producción”,  libro, en el que analiza el panorama de la danza en Rosario entre 1980 y los años 90`.

Marcela nació en Rosario y estudió danza desde pequeña. Sus primeros pasos en media punta los dio con Josefina Piazza. En los 70’ ingresó al mundo de la danza contemporánea, y eso fue un momento fundamental para su trayectoria. “En los 80´ -nos dice-  ingresé al Grupo de Danza Contemporánea de Rosario. Allí ubico el principio de la ruptura con lo que serían las concepciones coreográficas más tradicionales, y la incorporación de estéticas contemporáneas. Después formé “Los Lord-dosis”, un grupo propio, con el que armé montajes para niños y adultos. Recorrimos escenarios de Argentina y España.”.

Más allá de llevarla hacia la práctica de la danza, la inquietud de Marcela es, por decirlo de algún modo, más integral: no le bastaba con expresarse desde las posibilidades del lenguaje corporal, sino que también deseaba documentar las huellas que el quehacer de los grupos y sus integrantes iban dejando, desde una perspectiva rosarina.  Así, expresa:  “Realicé una Maestría en Estudios Sociales, y precisamente mi tesis fue sobre el recorrido de la danza entre los años 60’ y el 2000. Esa tesis se convirtió en mi primer libro: “Danza Moderna y Posmoderna: la construcción de un campo artístico”.

Respecto de su nueva obra, Marcela explica:Este libro (“Poéticas en la danza. Nuevos modelos de producción”) es una profundización de mi tesis. En principio había tomado una década, pero luego me extendí un poco más: desde 1980 hasta los noventa. A diferencia de la música rosarina, que con los artistas de la Trova tuvo una difusión importante en ese momento, la danza local no tenía un circuito industrial o comercial armado y no trascendió del mismo modo. Rosario siempre fue muy activa, y su danza tiene un sello propio, muy relacionado con lo teatral.  En el libro analizo las producciones coreográficas escénicas de dos grupos: el Grupo de Danza Contemporánea de Rosario dirigido por Cristina Prates, y La Troupe, dirigido por Marta Subiela. Me interesó mostrar cómo se fue deconstruyendo el lenguaje de la danza clásica, de la figura de lo que era el coreógrafo y del propio bailarín.  También me enfoco en cómo va cambiando el concepto de obra, cómo se producen construcciones colectivas a partir de los materiales de de improvisación de los bailarines, que empiezan a ser creadores… Todo un movimiento que en la plástica se dio en las primeras décadas del siglo XX  y que en la danza, más tardíamente, se retoman en los 60’ y en los 80’. El libro analiza todo esto trabajando desde el diálogo que los grupos locales tienen con esa tendencia global.

Cuerpos

El ojo analítico de Marcela no se queda quieto: revisada ya la historia de la danza en Rosario (aunque nunca “agotada”, ya que plantea que este último libro es “interminable”), le interesa desde hace un tiempo analizar el derrotero que los cuerpos fueron haciendo: -Empecé a ver que, a lo largo de las producciones de los 80, 90 y 2000, los cuerpos eran diferentes, tanto en montajes teatrales como danzados. Eran diferentes desde su estética y también en la forma de moverse. Empecé a preguntarme sobre estos cuerpos que aparecían en escena, e iniciamos una investigación desde el Instituto que se llamó “Corporalidad y subjetividad en la danza: construcción de habitus en la formación de bailarines y profesores en el Instituto Superior Provincial de Danzas”. Me interesó que como institución formadora analicemos qué marcas propias ponemos en estas personas que  traen consigo un habitus corporal que han adquirido, cómo las reformulamos desde el Instituto y cómo salen. Esto fue muy interesante, hicimos observaciones de clase, historias de vida de alumnos y docentes, e hicimos visibles las marcas de nuestra formación.

Danza y cotidianidad

Ante nuestra consulta sobre si la danza se sitúa un poco por fuera de la realidad cotidiana, Marcela puntualiza ejemplos que ponen en crisis esa afirmación: – En la escuela, por ejemplo, en los últimos años han empezado a conformarse pequeños espacios donde comienzan a darse técnicas vinculadas con la danza, como Expresión corporal. Estos serían espacios de socialización donde la vivencia de la corporalidad no tiene que ver con la competición, sino con la expresión, con el juego. Por otra parte, en mi libro hablo de que las artes contemporáneas son cada vez más híbridas, y ello provoca que, por ejemplo, uno vaya a ver una exposición de plástica y encuentre a alguien realizando una performance con su cuerpo. Se dan procesos de imbricación donde ya no corresponde a cada una de las artes una sola materialidad. Y también ocurre que hay expresiones de la danza que siguen basándose en el virtuosismo, y otras cuya propuesta tiene que ver con personas comunes en movimiento arriba de un escenario. Existen movidas urbanas, como las que hacemos para el Día Mundial de la Danza, donde la danza ocupa la Peatonal Córdoba.

Ante nuestro planteo sobre el futuro de los profesionales que hoy se forman en Rosario, marcela responde con optimismo: -Me parece que hoy hay muchas más posibilidades, no sólo en el sistema educativo informal sino también desde el formal. Y también la globalización y las movidas culturales, las posibilidades de residencias en el extranjero, han abierto oportunidades muy interesantes.

Néstor Mozzoni: “Me declaro absolutamente rosarino”

con 3 comentarios

Si uno desconociera las pasiones de Néstor Mozzoni, sólo tendría que entrar a su estudio para descubrirlas a todas, ordenadas y en armonía. Allí, flotando en una melodía respetuosa, están los instrumentos y partituras del músico, director de coros y arreglador; los muebles antiguos del aficionado a la restauración y la frescura infantil de Javier, su hijo de 4 años que canta y respira música tan naturalmente como juega en la computadora.

Recientemente declarado “Artista Distinguido de Rosario” por nuestra iniciativa, nos invita a parar el tiempo, mate de por medio, y nos cuenta su historia.

Néstor Mozzoni es cantante, clavecinista, organista, director de coros, arreglador y compositor. El inicio de su carrera como músico tiene el color de la mesa familiar y la naturalidad de aquello que viene con la sangre: – No crecí en un ambiente de música en el sentido profesional, pero sí crecí en una casa de melómanos. – nos dice. – Mi madre es hija de padre alemán y si bien su madre era argentina, era descendiente de holandeses. A mi abuelo le gustaba mucho la música clásica, del barroco, la música coral. Entonces, mi madre, por herencia gustó mucho de ir a conciertos, de sentarse a escuchar esta música. Mi padre, como buen tano, era amante del tango, de la ópera y del canto lírico, aunque algo más circunstancial. Por otra parte, mi tío Helmut, hermano de mi mamá,  tocaba muy bien la guitarra y llegó a tocar un poco de folklore en Radio Nacional. Él, un tipo muy riguroso del estudio y de la prolijidad, fue otra gran influencia para mí, sobre todo cuando estudiaba. Recuerdo que mi mamá se juntaba a tomar mates y a charlar con una amiga que era profesora de piano, y nos a mi hermana y a mí a visitarla. Cuentan que yo, con cuatro años, ya me abalanzaba sobre el piano cada vez que lo veía. En una de esas visitas, la amiga de mamá le sugirió “Che, lo veo tan entusiasmado… si querés, le enseño”. Así empecé y no terminé nunca más. Pasó el tiempo y  cambié de profesora porque esta señora debió mudarse a Córdoba, ya que el clima era más benigno para su problema cardíaco severo. Empecé en un conservatorio, y como era tan chiquito, hicieron que comience de cero nuevamente. Pero era una institución formal, con mesas de exámenes. A los 14 años me recibí de profesor de piano; a los 16, iba a la Facultad. Ahora, tanto mi hermana Graciela como yo elegimos la música como medio de vida.

Esta elección de la que Néstor habla fue muy especial, sobre todo porque, además de cursar estudios musicales, también estudiaba Medicina. -Llegué a 4º año de Medicina. Comencé a tener cada vez más compromisos laborales vinculados a la música. También estuvo el Proceso de por medio. No terminé mi carrera en Música, pero seguí estudiando en forma particular. La parte teórica de la música la podía estudiar tranquilo, cuando quisiera. Eso sí, escuchar música no era tan sencillo como ahora: antes íbamos a “Casa Romano” (que ya no existe), y que era la que vendía música. Si nos enterábamos que había llegado un disco que nos gustaba, juntábamos unos mangos entre varios y la semana siguiente íbamos a buscarlo. Pero si no estaba más, porque había un sólo ejemplar y ya se había vendido,  chantajeábamos al vendedor para que nos diga quién lo había comprado, porque sabíamos que quien lo hubiera hecho era un melómano. Le golpeábamos la puerta para que nos deje escuchar el disco. Hoy eso es impensable.

El canto coral es una de las disciplinas musicales en la cual el nombre de Néstor aparece como referencia ineludible. Director del Coral Fisherton desde 1980, pasando por Carpanta (1983-1995) y desde el 2004 del  Coro Polifónico Municipal de Gálvez, entre 1976 y 1991 integró como tenor, instrumentista y ayudante de dirección el Conjunto Pro Música de Rosario. Con esa formación participó de las giras por América (1979 y 1981) y Europa (1984). -El canto es algo muy familiar para mí. – expresa. -Sobre todo se vincula a la rama alemana de la familia. Cuando éramos chicos era común hacer reuniones de Pascuas, Navidad y otras celebraciones en familia. En esas fiestas se cenaba, se brindaba y había un rato destinado a cantar villancicos tradicionales, a varias voces. Me recuerdo cantando “Noche de Paz” en alemán desde chiquito. Actualmente, a veces, mi hermana se encarga de reunirnos a todos: mi mamá, que hoy tiene 86 años, los tíos que quedan, nosotros… Todos cantamos cuando ella saca la guitarra.

Es probable que de aquellas sobremesas, Néstor le haya tomado el gusto al canto colectivo. Y su repertorio no reniega de nada que a él le parezca bueno. Bromea diciendo: -A mí me odian tanto los que hacen música popular como los que hacen música culta. Me he pasado de un lado a otro toda mi vida, con total soltura. He hecho cosas con Heredia o con Fander como con Larguía o  Miguel Ángel Estrella. Me gustan las cosas que están hechas con calidad. Lo que no refiere a mucho o poco. Uno piensa “¡Ah, la orquesta!”. Pero la orquesta no te sirve para tocar una baguala. Trasvasar una cosa a otra implica que vos puedas llegar a la esencia de algo y que eso trasladado a tu lugar, no se pierda. Si vos escuchás una chacarera que tiene  otra instrumentación, pero podés darte cuenta de que es una chacarera, quiere decir que la esencia no se perdió. Por ejemplo, el último disco que grabé con el Coral Fisherton se llama “Evoluciones: desde el madrigal al folklore”, que son dos de mis “patas”. Cuando arranqué mi carrera coral, los grupos vocales hacían folklore latinoamericano, aparte de todo el cancionero popular que surgía del Nuevo cancionero de Mendoza. Cuando estuve en Promúsica me encontré con todo un mundo de música antigua del Renacimiento español, que da forma a nuestro folklore. Tras unos años hice un trabajo de investigación, no formal, como divertimento. Elegí entre un montón de madrigales italianos, españoles, franceses, ingleses y alemanes, junto con 5 regiones folklóricas argentinas, hice una suerte de enlace de temas. Eso siempre me gustó: unir cosas que parece que no tienen muchos puntos en común. Y sobre esto, siempre cuento esta anécdota: con Promúsica fuimos a tocar a Humahuaca. Pensábamos “¿Qué vamos a hacer nosotros tocando música de la Edad Media en Humahuaca?”. Después nos encontramos con que en la Edad Media se usaban muchísimo la flauta, acompañada de un tamborcito… la música era casi la misma que la que escuchaban en el norte de nuestro país. Quedaron chochos. Y estábamos tocando música de 500 años antes, pero que tenía un nexo enorme con lo que ellos hacían con una caja y una quena.

A partir de esas experiencias, descubiertas a los 16, 18 años, para mí no existen barreras. Decía uno de mis profesores: “Suponé que hacés una obra de Renacimiento, luego una obra del siglo XIX y después una chacarera. Si  las tres suenan igual, suponiendo que alguna esté bien… dos están mal.  Porque cada una tiene su código y debe sonar de una manera particular. Lo primordial, en mi búsqueda, es eso: que la esencia de lo que uno aborda, estén respetadas. Para que el que escucha acceda a eso que le es familiar. Las notas, la música, tienen los mismos ingredientes. La diferencia se hará según cómo los mezcles o cómo los acomodes.

Anécdotas y comentarios se siguen encadenando, pero hay algo en ese estudio/ museo / taller, y en la casa que lo precede,  que habla de una persona que ha encontrado “su lugar”. Le preguntamos: ¿Qué lugar ocupa Rosario en tu trabajo?  

Con convicción, Néstor nos responde: -Muchos me preguntan “¿Qué hacés acá en Rosario?”. Me preguntan por qué no me fui. Hice música popular durante muchísimos años y la sigo haciendo. No creo en eso de irme a otra parte para hacerla. Me pasó con algunos compañeros que se tuvieron que ir en los 70 y cuando volvieron 15 años después seguían haciendo lo que hacían en el lugar a donde fueron. Y yo siempre decía “Muchachos, en Rosario pasaron un montón de cosas”. No podés ignorar a todos los que siguieron componiendo, creando, evolucionando en Rosario. Si no tuviera el pulso con la gente, no podría hacer lo que hago. Soy un bicho muy rosarino. Nací acá, me crié acá, estudié acá. Me encanta ir por todas partes y he podido viajar mucho gracias a lo que hago. Pero necesito volver acá, tengo mis raíces acá. Puedo hacer cosas internacionales, estudiar sobre músicas europeas, pero necesito estar acá. Me declaro absolutamente rosarino.

 

 

Christian Valci: El teatro de Rosario necesita mayor difusión

con No hay comentarios
christian valci 1
Foto: Pablo Vila

 

Actor, director y docente de teatro. También hombre de radio. Christian Valci nació en Rosario y desde la escuela primaria el teatro ocupa un lugar de relevancia en su vida. Tuvo una gran experiencia en Buenos Aires, con figuras de renombre, pero eligió (y elige) nuestra ciudad para hacer lo que más le gusta. Su programa radial “¡Qué domingo, Valci!” Se emite por Am1330 todos los domingos, de 12 a 14 hs., y se enfoca en la difusión de producciones locales. Tanto su trayectoria como sus proyectos tocan diversos géneros: radioteatro, infantil, comedia, drama. Los invitamos a ser parte de una linda charla.

 

Empecé muy chico en el teatro, hace 40 años – nos dice Christian, café de por medio. – En la secundaria siempre me ponían a mí como el que podía hacer “las fiestas”. Siempre estaba, en la conducción o como intérprete.

– Mas allá de lo escolar, ¿Cómo seguiste con el teatro?

Uno de mis maestros es Eduardo Ceballos; también Lauro Campos, que actualmente escribe mis radioteatros, con los que tuvimos la enorme satisfacción de ganar  dos premios en Argentores. Esos radioteatros, donde participaban actores de Rosario me dieron continuidad laboral, algo bastante difícil. También estudié en Buenos Aires, y como además de actuar  me  apasionaba (y sigue apasionando) estar “en las dos veredas”, estudié dirección en el Centro Cultural San Martín. Esto me permitió vivir dos años en Buenos Aires, y aprovechar esa oportunidad para  actuar en televisión, en programas que en 1993 y 1995 tenían mucha difusión.Estuve en “El precio del poder” de Hugo Moser; , “Amigos son los amigos”, con Carlos Calvo; “Celeste siempre Celeste”, con Andrea Del Boca. Gracias a la relación nacida en ese momento con Carlos Calvo, tuve la oportunidad de estar en calle Corrientes, con actores muy reconocidos, algunos ya fuera de escena, otros que siguen vigentes: Fabián Gianola, Carlos Calvo  Alejandra Da Passano; Norman Erlich, Rudy Chernicof, Jorge D’Elia, María Carámbula, entre otros. Como estaba estudiando Dirección, era Asistente de Dirección y actor reemplazante, por contrato.Tenía que estudiar varios papeles y tuve el gusto de reemplazar en su momento a Rudy cuando no pudo hacer una de las funciones.

– ¿Por qué volviste a Rosario?

Me asustó un poco la inestabilidad, así como estar lejos de los afectos Con Carlos Calvo tuve un contrato por 3 meses y con la posibilidad de hacer temporada en Mar del Plata. Por problemas que Carlín tuvo con los otros actores, y siendo jefe de la compañía, decidió bajar la obra y nos quedamos todos sin trabajo. Entonces, vine a Rosario. Luego, haciendo  él  “La pulga en la oreja”, con la dirección de China Zorrilla, me llamó para convocarme, pero no quise ir porque ya lo conocía a él y a esa inestabilidad que me había asustado. .  Volví y no me arrepiento; hice lo que me gustaba y me saqué las ganas de vivir en Buenos Aires. Además, me quedaron buenos contactos: estando en Buenos Aires, me hice conocido de Hugo Sofovich. Él me dio  una obra que había sido un éxito, con Rodolfo Ranni y Silvia Montanari: “¿Qué nos sucede, vida?”.  El argumento reflejaba las relaciones de pareja. Yo la traje a Rosario, con actores locales muy conocidos, y logré un éxito estupendo como Director. Fueron dos funciones los sábados y una el domingo, lleno total, en la sala Nicasio Oroño, que es una sala de 100 personas. ¡Mirá vos el esplendor que  tuvo! Gracias a que eso tuvo gran difusión, obtuve el premio Magazine, que fue una distinción muy importante para mí.

– ¿Es dura la escena local? Si así fuera, es algo que siempre fue así o sentís que es una realidad actual?

Lo es ahora. Pienso que se debe a muchas cosas, y una de ellas es la salida de tantos actores y de tantos generadores de actores que tienen las escuelas de teatro y lo que quieren hacer cuando egresan. En su momento no había tantas escuelas de teatro. Entonces, acá eran conocidos varios directores, como Pepe Costa, Lauro Campos, Héctor Barreiros, Carlos Luis Serrano, y uno tenía un sentido de pertenencia hacia el grupo en el que empezaba a trabajar. En una obra te tocaba el protagónico, pero en otra a lo mejor de tocaba sólo una partecita, o hacer las luces, o estar en boletería… y uno estaba contento. Creo que hoy no pasa esto último: muchos creen que empezar el teatro es ser protagonista.

-¿Cómo ves la difusión que tiene la cartelera local?

Mirá, muchas veces me ha pasado que estuve, por ejemplo, 4 meses trabajando y me encuentro con alguien que me pregunta “¿Estás haciendo algo?” y le digo “Sí, hace 4 meses…”, a lo que responde “¡No me digas!”. Nunca le llegó la información Y hay muchas propuestas muy buenas en el teatro de Rosario y quedan tapadas  detrás de las grandes publicidades,. La gente no se entera de ellas.  Por eso valoramos mucho la promoción como parte importante del teatro, y también por eso, desde que tuve la oportunidad de hacer mi programa de radio “¡Qué Domingo Valci!” en AM 1330, uno de mis objetivos fue promocionar e invitar a los actores y a la gente que se dedica a la música, que necesitan mucho de la difusión para hacer su trabajo. Sobre todo para aquellos que tienen buenas producciones pero no están en los grandes teatros.

-¿Se consumía más teatro antes en Rosario?

Yo viví el auge del teatro de Rosario, en los años 80, 85. Eso siguió hasta cerca del 2000. En su momento, coincidió con el auge de los café concerts. Todos trabajábamos. Entonces, eso era una “salida”. Era común que la gente planeara una noche diciendo “Che, vamos al teatro”. Hoy eso se perdió un poco. No sé si con la televisión, los medios nuevos. Obviamente, no tengo la fórmula del éxito, sino todos iríamos a esa fórmula, no probaríamos otra. 

 

Con el entusiasmo de la charla, de la cual lo expuesto en esta entrevista es una pequeña parte, a Christian se le enfrió el café. Creo que si queremos encontrar una frase que lo defina es ésta: Yo soy un favorecido que vive de esta profesión y siempre estoy con proyectos, remando, generando cosas. Para mí, el teatro, además de mi trabajo, es saludable.

“Desde Arteón nunca hicimos una obra que no tenga que ver con la gente”

con No hay comentarios

Nestor-Zapata

Néstor Zapata es, en Rosario, sinónimo de teatro, de cine, de esfuerzo y de mucha, pero mucha pasión por hacer. Al frente de Arteón, institución que el Concejo distinguió especialmente por nuestro impulso, produce hechos culturales de forma sostenida y constante. Lleno de proyectos, dialogó con nosotros.

– ¿En qué estás, Néstor?

– Estamos en varios proyectos. Siempre hablo en plural, siempre digo “estamos”. En este año, los proyectos son de tipo escénico. Vamos a reponer el espectáculo “Un vuelo de gorriones”, basado en el último libro de Jorge Cánepa. Se hizo un pre-estreno en diciembre, que nos dejó muy contentos, muy enchufados. Después está en carpeta la posibilidad de hacer algunas cosas en el Monumento a la Bandera, como es una única función de la crónica cantada de “La Forestal”. La obra está cumpliendo años y queremos dejar testimonio de esta cantata que cambió el rumbo de las cantatas populares en Argentina.
Para el 31 de marzo, nos convocaron los ex-combatientes y el Concejo a hacer una puesta de “Malvinas, canto al sentimiento de un pueblo”, también en el Monumento. Se cumplen los 35 años del conflicto bélico que coincide con los 25 años del estreno de “Malvinas”.
También planeamos para este año, en lo escénico, la puesta de un dramático-musical que también involucra a Cánepa, que es “Che, Manuel”. Se trata de la historia íntima de Manuel Belgrano, sus momentos íntimos, su enfermedad, sus viajes, sus amores, sus hijos, su testamento. No queremos al prócer acartonado, aunque no puede faltar algo… El éxodo jujeño, por ejemplo. Aunque de ese momento lo que más nos ocupa es saber cómo lo vivieron, cómo lo vivió él, cómo fueron las noches en medio de las salinas.
En lo cinematográfico, también tenemos dos grandes propuestas. Una, bastante inmediata, que es un homenaje al Negro Fontanarrosa, porque se cumplen 10 años de su muerte en julio. Nos convocó una productora de Buenos Aires a hacer un largometraje para cine compuesto por 7 cuentos del Negro, a cargo de 7 directores que tengan trayectoria en Rosario. Con la música de Jorge y mi dirección, estamos haciendo “Sueños de barrio”. Estimamos rodar en abril para estrenar en julio.
En carpeta está también un largometraje de ficción muy ambicionado, muy querido que se llama “Otoño”. Es la historia de un buscavidas que hacía títeres, magia, un poquito de todo y se enamora de una jovencita en un pueblo.

Néstor se ríe cuando le decimos que el año se vislumbra pleno. – Mientras nos acompañe la salud, fundamentalmente y, claro, mientras tengamos apoyos mínimos necesarios…
– ¿Cómo se porta Rosario con respecto a esos apoyos, desde lo público y lo privado?
– Los apoyos no suelen ser significativos- comenta. – Son más bien morales, organizativos. Pero desde lo económico, prácticamente no hemos tenido ninguno de parte de la ciudad. La provincia, en alguna oportunidad, aportó en proyectos específicos. Y la Nación, apoya desde el INCAA y desde el Instituto Nacional del Teatro. Por ejemplo, el Instituto tiene un subsidio anual, que suman en algo en el mantenimiento de una sala teatral, por ejemplo, los gastos centrales, luz o teléfono. Del INCAA, prácticamente nada. No recibimos ni un sólo peso como Espacio INCAA Rosario, salvo para el equipamiento de cine de última generación que aportaron el año pasado. El mantenimiento corre por cargo nuestro, los seguros también. Cuando hacemos una producción cinematográfica, se dan los créditos en la medida que se apruebe y apoye el jurado. Hay que ganarlos. No te dan un subsidio, sino un crédito para poder realizar la película y, después de estrenada, recuperar lo invertido para devolver el crédito.

– ¿Podemos decir que esto es un dilema como el del huevo y la gallina? ¿No se produce toda la repercusión que puede tener una producción nacional porque no se la apoya?

– Es como el huevo y la gallina, pero en un sentido histórico. Quiero decir, se ha ido corriendo un poco al espectador del cine. Te daban plata para producir y punto. Pero un producto no se acaba de producir hasta que no toma contacto con el espectador. El producto tiene sentido, nace en su relación con el espectador. Prometieron cambiar esa política. Vamos a ver. De todas maneras, hoy los jóvenes realizadores se olvidan a veces del espectador. En nuestra época, las películas necesitaban subsidios y las salas se llenaban, la productora cubría sus costos y tenía ganancias. Por eso fue tan importante el cine nacional y en los años 50 y 60 fue cine de exportación, a toda América Latina y a todo el mundo de habla hispana. Por eso pienso que si vos hacés cine para cobrar un subsidio o para satisfacer tu necesidad personal, estás haciendo algo que no trasciende, estás corriendo al espectador. ¿Por qué la gente va a ir a ver tu problemática personal? Las producciones tienen que tener proyección social, una proyección comunitaria, popular, histórica. El artista no es un ser excepcional en ningún sentido de la palabra, es un servidor; un tipo que produce la expresión latente en la comunidad, nada más y nada menos. El Miguel Ángel no es un producto de los sueños de Da Vinci; es un producto de la sociedad del momento y por eso trasciende.

– ¿Creés que una articulación con educación podría ser beneficiosa respecto de la repercusión de las obras locales?
– Creo que sería necesaria. En nuestra concepción, la educación es un instrumento de la cultura, no al revés. Algunos creen que la cultura es un instrumento de la educación, pero esa es la visión neoliberal, la cultura de los museos, de la ilustración. Yo percibo a la cultura como el hecho mismo del hombre en su vida; es su identidad. De ella “maman” la educación, la comunicación, la creación artística, las expresiones. No puede no estar todo relacionado. Ahora, si las estructuras de gobierno pretenden generar estamentos, eso es problema de una concepción política absolutamente liberal, que nada tiene que ver con la concepción de nuestra ideología que es el peronismo. Nosotros consideramos a la cultura como madre de sus propios brazos y la educación es uno de ellos. ¿Cómo vas a educar sin tener un objetivo cultural? ¿Para qué educás?

Como si no fuese suficiente con la actividad teatral y cinematográfica, Néstor emprendió otro sueño en 2016: un sello editorial con la marca Arteón. – El sello nació porque era necesario editar el libro de Jorge Cánepa (“Un hombre valiente y otros sueños de barrio”) – nos dice. – Podíamos haber buscado una editorial, pero nos parecía de mayor pertenencia que el esfuerzo de escribir, editar, publicar y diagramar fuera de una entidad común, nosotros. Ante nuestra consulta sobre el próximo título, nos dice: – El próximo libro se llamará “Años de miel y fuego”, y será un libro de fotografías que compilará los 50 años de vida de Arteón. Son más de 300 fotos que ilustran la vida del grupo, paralela a las etapas históricas de la ciudad: con el Rosariazo, Malvinas, el Golpe de Estado. Todo eso tuvo que ver con nuestra obra. Nunca hicimos una obra que no tenga que ver con la gente. Nuestra “Malvinas” fue la primera obra en el país que trató el conflicto bélico, a diez años de Malvinas, cuando todo el mundo decía “No la hagas”.

Nos despedimos de Néstor con regocijo, tal vez por haber comprobado que Rosario tiene en él, y por fortuna en muchos que como él se comprometen desde y por la cultura local, a una gran usina de amor por lo propio.

Rosario sigue sin tener las industrias culturales fundamentales para que sus artistas se queden y enriquezcan la ciudad

con No hay comentarios

cánepa

 

El pianista y periodista Jorge Cánepa conoce muchísimo el panorama cultural de nuestra ciudad. Nacido en 1946, a los 12 años obtuvo su primer contrato para tocar el piano en un estudio de radio, y desde ese momento la música y los medios fueron su pasión y su sustento.A los 30 años fue director de contenidos de LT8. “El Clan”, mítico programa de Canal 5 que conducía Raúl Granados, lo tuvo como pianista y la música de aquella gesta cultural que fue “La Forestal” nació de su inspiración. En 2015 compuso todos los temas de la película “Bienvenido León de Francia”, guiñada y dirigida por su amigo Néstor Zapata. En 2016 se animó a las  letras y lanzó “Un hombre valiente y otros sueños de barrio”, libro  que rinde homenaje al  Barrio Azcuénaga, su lugar de nacimiento, y que por nuestra iniciativa fue declarado “De interés cultural” por el Concejo Municipal.  Entre vivencias y conceptos que se enriquecen con su trabajo actual como Director de Contenidos de Radio Mitre Rosario, Jorge intercala su visión del quehacer cultural de nuestra ciudad.

Se nota que a Jorge le gusta contar. Lo hace con entusiasmo, exponiendo ideas claras, verborrágicamente, pero sin apurar y sin obviar. Tal vez su oficio de músico le ha enseñado mucho acerca de tiempos y entonaciones, y el hecho de trabajar con gente de la cual es amiga o admira (o ambas cosas a la vez) le haya dotado de anécdotas y nombres que su palabra exhibe con orgullo.

Rosario y su música hoy:

Jorge sabe del trabajo que conlleva tanto componer y arreglar obras, como del valor que la difusión tiene a la hora de convocar y construir públicos: -Hoy –dice-estamos difundiendo música que tiene una característica extraordinaria: no hay que estudiar nada para tocarla. Yo me quemé las cejas estudiando música y siento que no se nada….Salvo excepciones lógicas, veo que en general sucede eso. Este es un indicador que, al menos, sirve para emitir un juicio. Todos estamos de acuerdo en que ese tipo de música sirve para divertirse en una fiesta, pero eso no es lo que tenemos que difundir.

-¿Lo que se enseña en la escuela tiene algo que ver?

En las escuelas se perdió la difusión del folclore, del tango, de la música argentina y más aún de la regional. Algo pasó.–refiere consternado. –Cuando yo cursé la primaria, en plena década del 50, estudiábamos folclore escuchando a los Hermanos Ábalos, y también aprendíamos a bailar el gato, la chacarera, la zamba, el escondido. Sucedía, además, algo extraordinario: teníamos referencias locales, porque en las radios tocaban músicos en vivo. A mí me llevaban a las radios de muy chico, y pude ver detrás del vidrio a gente tocando el piano, solos. En esa época no había grabaciones y la radio difundía mucha música. Hay gente a la que no olvidé nunca más: un pianista llamado Raúl Quintana, que tocaba folclore; ojalá alguna vez yo pudiera tocar como él. Don Abel Pizzicatti era otro que también tocaba el piano; Edgar Spinassi…. Eran casi concertistas, pero tocaban música popular. Y eran todos rosarinos, nuestros. Las guitarras que se escuchaban en las emisoras de ese momento, que eran LT2, LT3, LT8 y Radio Nacional, eran tocadas por músicos rosarinos. Algunos de ellos, como Carlos Peralta, se fueron a Buenos Aires y, junto con Grela, le enseñaron a tocar la guitarra a todo el mundo. En la escuela, entonces, aprendimos danzas y sonidos propios, y en los medios, escuchábamos también a los nuestros. Yo no digo que la globalización sea mala, pero a nosotros nos pegó como a nadie. Yo veo que a los brasileños esto no les pasa, ni veo que les pase a países europeos como España e Italia. Hay música internacional que suena igual en todas partes, pero la de ellos está intacta. Recuerdo haber visto campañas políticas en Nápoles y en Roma, y los actos se hacían con música de ellos. Acá veo que en actos políticos o artísticos, mientras se espera, la música que se pone no tiene nada que ver con lo nuestro. Nos hemos ido alejando.

-¿Cómo ves el quehacer cultural hoy en Rosario?

-Veo gente que lucha mucho, y los admiro– comenta con énfasis.  -Llopis, Fandermole, Abonizio;  las orquestas de tango maravillosas que han aparecido; pianistas; bandoneonistas… Veo una fuerza increíble en los músicos, pero no hay acción del Estado. Pienso que a este fenómeno hay que conducirlo, y Rosario sigue sin tener las industrias culturales que son necesarias y fundamentales para que los artistas se queden y enriquezcan la ciudad. Todos los lugares que enseñan música en Rosario lo hacen bien: salen músicos extraordinarios, pero hay que darles la motivación para que apliquen lo que saben y desarrollen nuestro pensamiento, nuestra forma de ver, de caminar, de comer, de enamorarnos. Tenemos que construir acá. Lo mismo con los poetas: hay un Festival de Poesía, pero la poesía… ¿Dónde está? No creo que alcance con publicar libros que sólo se vendan en el puesto de Peatonal Córdoba y Corrientes. No alcanza.

“La Forestal(crónica cantada): un hachazo a la dignidad del hombre” fue el título completo que tuvo una de las obras más conocidas cuya música compuso Jorge. Fue un hito cultural en la ciudad y en el país, y nuestro entrevistado nos detalla sus orígenes:

-Raúl Granados era un visionario para todo. Un día estábamos Enrique Llopis, él y yo reunidos en la oficina de Sarmiento y Urquiza, donde siempre nos juntábamos a hablar de la vida y, principalmente,  de mujeres (sonríe). Raúl nos miró y dijo: -Ustedes tienen que hacer “La Forestal”. Con Enrique nos acordábamos de lo que era: una pieza basada en un libro de Gastón Gori, hecha con letra del Negro Ielpi y música de José Luis Bollea, un barítono rosarino muy importante. Del libro de Gori, Rafael Ielpi armó una cantata donde un relator hablaba y se cantaban canciones. Conseguimos una grabación que tenía guardada el Bigote Acosta, y cuando la escuché me di cuenta de que no era para Llopis, ni tampoco era lo que teníamos que hacer. De ese trabajo nos quedamos con dos temas y yo compuse doce más. Hicimos un relato diferente, con un actor, y lo llamamos a Néstor Zapata para que iluminara y dirigiera la puesta. Zapata pensó que el relator debía ser un actor que representara a un hachero. Ese actor fue Emilio Lenski. La obra se transformó. Vino a verla Tejada Gómez y la catalogó como “ópera popular”. Alternar el relato con la actuación y el canto me dio a mí la oportunidad de sumar, además de los doce temas nuevos, la música incidental. La obra tiene mucha presencia de música incidental. Yo me inspiré en el radioteatro, donde la imaginación juega un rol importante. Un personaje viene del pasado a contar una historia, y mientras eso sucede suena el monte, un acordeón lejano… Eso emocionó al público. Ensayamos mucho, y cuando ya lo teníamos, íbamos a estrenarlo en un café concert. Pero como yo ya estaba en “El Clan”, y en una reunión logré entusiasmar a todos para que utilizáramos los medios para promocionar una función en el Teatro  “La Comedia”. Estrenamos el 12 de enero de 1984, en pleno verano, sin aire acondicionado. Hicimos toda la temporada y recuerdo que el éxito fue tal que una vez la gente rompió los vidrios de la entrada del Teatro porque no había más localidades. Después de esa temporada fuimos a Buenos Aires y se cortó el tránsito en la calle Corrientes, y giramos en todo el país. Hasta el día de hoy sigue siendo un ícono de la creatividad rosarina. Este éxito no se ha repetido en otros temas, y vuelvo a lo mismo: el rol del Estado.

Con toda su experiencia como Director de contenidos, primero de LT8 y en la actualidad de Radio Mitre Rosario, Jorge tiene una opinión formada sobre la actualidad del trabajo en los medios locales: -Yo advierto una devaluación del profesionalismo. –dispara- -El oficio comunicacional requiere de ciertas habilidades que se están obviando: la lectura, por ejemplo., la búsqueda de porqués, la reconfirmación de la noticia. Hay un gran amateurismo en eso de “te cuento algo y vos vas y lo decís al aire”.  Eso no es posible. El periodista tiene la obligación de buscar segundas y terceras fuentes. Y a esta devaluacióndel profesionalismo, si le sumamos el advenimiento de las redes sociales, estamos en problemas.  Las redes son herramientas extraordinarias, pero si son mal usadas, sucede lo que dice Umberto Eco: “Transforman al tonto del pueblo en portador de la verdad”. Cualquier papanatas que antes hablaba en un bar para cuatro tipos, hoy se mete en las redes sociales y opina de todo.

Sueños de Barrio

En una de sus últimas aventuras, ese gusto por contar que referíamos al principio de esta nota adquirió cuerpo de papel y alma de barrio. “Un hombre valiente y otros sueños de barrio” es el título del libro editado por la flamante “Ediciones Arteón”. Ené, Jorge desanda caminos y vuelve a su barrio Azcuénaga natal para contar sus historias. Los protagonistas son, entre muchos,  el Cholo, el Pato, el Loco Pica; entrañables personajes de la infancia y juventud del autor, y los relatos hablan de espacios como el “Club Libertad”, la iglesia “Nuestra Sra. De Pompeya” o el cine “Mendoza”.  –Por supuesto que no escribí este libro para llenarme de plata. –aclara. – Lo hice para que la gente lo lea porque cuenta historias bien rosarinas.“La Capital” me dio una mano bárbara y lo vendimos en sus kioscos, bien baratito.

La charla da para largo. Da la impresión de que a este hombre nunca se le van a acabar las anécdotas, y como sigue pergeñando proyectos, es probable que nada lo defina mejor que eso: un tipo inagotable.

 

Entrevista a la Dra. Martha Herrero: “Rosario ha logrado integrar orígenes y religiones, pero debemos avanzar más.”

con No hay comentarios

martha-herrero

La Dra. Martha Herrero preside la Comisión de Cine y Artes Audiovisuales del Colegio de Abogados de Rosario.  A través de nuestra presentación, el Concejo declaró “De Interés Municipal” el ciclo ““Rosario y su Zona. Colectividades. Sus culturas. Nuestra Cultura” . Esta actividad tiene como objetivo  acentuar  y destacar la identidad de nuestra ciudad a través del reconocimiento de los aportes de las diversas colectividades que la componen. Conversamos con ella para conocer y compartir los frutos de su labor.

Martha transmite regocijo al hablar de su tarea. Con satisfacción, nos cuenta que la Comisión de Cine y Artes Audiovisuales adquirió entidad propia por fuera de la de Cultura hace un año, y que eso plantea nuevos desafíos. Ella, abogada recibida en 1967 en la Universidad Nacional del Litoral, nació en Rosario en 1944. –Soy rosarina casi por casualidad. – comenta con gracia. -Mis padres eran de Rosario, pero vivían en Mendoza. Mi madre estaba por parirme, y ocurrió el terremoto de San Juan. Todo temblaba y mi padre decidió volver a Rosario. Nací a los pocos días. De todos modos, me siento completamente rosarina; todos mis hijos lo son también  y, aunque tuve oportunidad de irme a trabajar a Buenos Aires, sigo aquí.

Las inquietudes culturales, nos dice, han sido familiares para ella, sobre todo la lectura y la música. -No soy virtuosa en ningún aspecto– aclara–  y tampoco considero que tengo una profundidad extraordinaria, pero me gusta la lectura y hago cursos, incluso en mi casa.

Cultura y confraternidad

“El Colegio ha tenido siempre una Comisión de Cultura bastante fuerte, así como una Comisión de Enlace, y varias más.- comenta Martha. – Todas se proponen insertarse, nutrirse, de la sociedad. En esa búsqueda de integración es que desde la Comisión de cine buscamos y analizamos aquello que pueda visualizarse como una identidad propia, rosarina. Nosotros hemos tenido el honor de escuchar de boca  de gente que ha venido a estudiar a Rosario,  que en sus primeros momentos, al llegar,  la ciudad ha sido tan cálida que en una semana ya se sentían integrados. Muchos se han quedado aquí. Rosario integra distintos orígenes, distintas religiones; lo ha logrado. De todas manera –agrega – , hay una deuda, hoy por hoy, una espina, que tiene que ver con migrantes internos. Sobre eso debemos avanzar. A veces siento que, aunque todos somos amigos, no estamos en todos lados. Tenemos que trabajar mucho. Nuestros antepasados han sido generosos, pero debemos dar un paso más.

Lo audiovisual como soporte

El cine y los soportes audiovisuales han sido considerados por el Colegio como herramientas valiosas para transmitir ideas. Martha aclara que es por eso que esta nueva comisión se separó hace un año de la de  Cultura, en la que ya venía trabajando, y comenta que incluso estos soportes están muy presentes en la actividad relacionada con la justicia. Además, agrega: – En esta búsqueda de confraternización, de integración, vimos que cada uno de los institutos que hoy pertenecen al Colegio de Abogados trata un conflicto que puede abordarse desde lo audiovisual. Cuando iniciamos los ciclos, lo hicimos con “Sérpico”, una película que habla de la corrupción y el tráfico de drogas. Es una crítica al sistema judicial y a los intereses corporativos mafiosos. Mañana, por ejemplo, nuestra Comisión, junto a la de Cultura,   estará presente en la maratón “El arte y los Derechos Humanos” que organiza la UBA con la película “La Mosca y la Ceniza”, filme argentino que expone el tema trata de personas. Estamos dando pasos ciertos.

Para cerrar, Martha nos manifiesta que está agradecida por la distinción que el Concejo Municipal le ha otorgado a su ciclo. -Lo mejor de todo -dice entusiasmada – es que esta declaración nos compromete expresamente a presentar un plan. Eso es fantástico, porque nos obliga a más, que es lo que nosotros queremos.

 

Walter Operto: “En Rosario tuve un segundo nacimiento”

con No hay comentarios

walter-operto

Walter Operto es periodista, dramaturgo y escritor. Su tono de voz y su forma de llevar el relato invita a charlar largo, lejos del ritmo loco habitual de nuestros días. El espacio de la conversación no puede ser más apropiado: una sala teatral. No es la de “La Nave”, que Walter dirige y que lleva 14 años de labor ininterrumpida. Pero el rincón que elegimos, en esa semipenumbra típica de los espacios teatrales, fue el paréntesis perfecto para conocer un poco más sobre la vida y la labor de este gran hacedor de la palabra nacido por primera vez a fines de 1930 en San Mariano (Las Colonias, Santa Fe). Es un gran referente del teatro independiente, pero ha sido su trabajo como periodista el que le ha dado la oportunidad de sumar un lauro que enorgullecería a cualquier periodista: gracias a su investigación, el mundo supo que Ernesto “Che” Guevara no había muerto en combate, sino que había sido asesinado.

En Rosario tuve un segundo nacimiento – rememora. – Cuando llegué a esta ciudad, tenía 18 años y venía escapando del colegio de los jesuitas y también de la Escuela Naval militar.  Yo siento que nací de nuevo  porque acá descubrí el teatro, la militancia política, la literatura y el periodismo, que fue mi primera fuente de trabajo.

El Teatro y la Literatura

Walter nos cuenta que hubo un punto geográfico de la ciudad que fue fundamental en esta nueva senda que decidió emprender: – Fue  una librería que estaba en calle San Lorenzo: Librería Conciencia, que era del Partido Comunista Argentino. Recuerdo que enfrente estaba ese gran militante de la cultura que se llamó Gilberto Krasniasky.  Allí descubrí a los grandes poetas: a Huidobro, a Vallejo a Guillén, a Neruda… y ahí descubrí también al teatro. Conocí a Alcides Moreno, que fue quien  creó la que entonces era Escuela Nacional de Títeres, y hoy lo es de Teatro y Títeres de Rosario. Nos hicimos amigos y comencé a militar en la Federación juvenil Comunista, pero  fue por unos meses…Hoy puedo decir que fui comunista sólo por 8 meses (se ríe).  Conocí al Teatro desde la actuación. Participé activamente en el Centro Dramático del Litoral, un teatro emblemático de los años  50`y 60´ y ahí escribí mi primera obra, que se llamó “La Gorra”.

Walter rememora este momento fundacional de su carrera teatral aclarando que de aquella primera obra, ni siquiera conserva un borrador. “-La obra se basaba en diferentes gorras: la de un laburante del ferrocarril, la de un militar y la de un marinero ….”.

Los títulos siguieron llegando. Con “La Bicicleta” obtuvo en 1969 el Premio de “Argentores” a la “Mejor obra de autor nacional” Siguieron una gran cantidad de títulos que lo tuvieron como autor, director e incluso iluminador y musicalizador:  ‘Ceremonia al pie del obelisco“; “Ya nadie recuerda a Frederic  Chopin” (Director); “Esa mujer llamada Evita” (Director);  “El secuestro de Isabelita” (Coordinador general); “Maté a un tipo” (Puesta en escena, Director);” El juego de la silla” (Director general); “La Ideología” (Autor, Iluminador, Musicalizador, Director); “La Ideología, te Mata, me Mata, nos mata (Autor, Director)”; “Olga, de La Plata” (Director); “A mí no me la van a contar” (Dramaturgo, Director); “Alimañas” (Director); “Venecia” (Director); “Viaje de placer” (Puesta en escena, Director).

A principios de los años 90 fue Director General del Teatro “Manuel José de Lavardén” de la ciudad de Rosario. Hoy dirige “la Nave, sala teatral ubicada en calle San Lorenzo 1383.

El Periodismo

En 1955, cuando la “Revolución Libertadora” derrocaba a Perón,  Walter colaboraba en “Rosario” uno de los del diarios del peronismo que había en nuestra ciudad. En 1963 entró a trabajar en la revista “Así”, de Editorial Sarmiento, dirigido por Héctor Ricardo García. La revista tenía 3 ediciones semanales, con una tirada de un millón de ejemplares por semana. “En 1967 la editorial me mandó a  Bolivia a cubrir lo que en ese momento era el primer foco campesino guerrillero después de la Revolución Cubana. Ese fue el interés periodístico. No se conocía la presencia del Che en Bolivia. Al frente de esas dos o tres  columnas guerrilleras, que eran una noticia mundial,  estaban los hermanos Peredo, dos dirigentes comunistas de Bolivia. La presencia del Che recién se conoció cuando cayó herido. En la Quebrada del Yuro hubo un tiroteo entre los guerrilleros y los rangers del ejército boliviano, que estaban al mando del General Gary Prado. El Che fue alcanzado por una ráfaga de metralla en las piernas, y se entregó. Allí fue que les dijo “-No me maten, para ustedes valgo más vivo que muerto”. Eso fue el 7 de octubre.  De ese punto, lo llevaron herido, caminando, hasta la escuela de La Higuera, donde seguro hubo centenares de testigos. El 8 de octubre el gobierno de Bolivia dio a conocer la noticia de que el Che había muerto en combate. Yo estaba en Valle Grande. Era el único periodista, acompañado por Hugo Lazaridis, mi fotógrafo.”

 El relato es intenso y preciso en nombres y sucesiones de hechos. Paso a paso, desgrana las vivencias y las emociones que lo embargaron en el hospital “Señor de Malta”, donde fue exhibido el cuerpo de Ernesto Guevara, y cómo un coronel de apellido Selnich le aseguró que aquella muerte se produjo “en combate”, y que los soldados que él quería entrevistar para que le contaran la historia “no estaban en Valle Grande”.  “-A partir de ahí, entrevisté al médico boliviano que hizo la autopsia del cuerpo, y habló de 6 o 7 heridas en las piernas, un impacto en los hombros y una a la altura de la tetilla izquierda, de calibre diferente al resto, que él mismo me dijo que era mortal. Yo recordaba esto de que el Che había dicho aquello de “No me maten….” En ese momento empecé a pensar que había algo raro. Al comentarle al médico, él mismo me preguntó si no habíamos entrevistado a los soldados heridos. Ahí me di cuenta de que se ocultaba un secreto.”

Walter prosigue su relato y comenta que logró llegar a la habitación entrando al hospital saludando a la guardia sin dar explicaciones, y consultándole por tres apellidos de soldados que le había brindado el médico. Lo acompañó el camarógrafo  Chousiño, corresponsal en América Latina de la cadena norteamericana Columbia Broadcasting System (CBS). El testimonio de esos soldados, daba por tierra con la versión ofician boliviana, que insistió por dos días más con su postura, y aducía que Walter y su fotógrafo no eran más que “periodistas pagos por la guerrilla”. La nota que escribió, luego de que escaparon de aquel hospital en un avión piloteado por Miguel Fisher, fue una primicia mundial, y cuando llegó la lata de Chousiño con los testimonios a Estados Unidos, todo se supo y el gobierno boliviano tuvo que reconocer que había asesinado al Che Guevara.

-No volví a Bolivia, pero estoy por volver ahora…- comenta, ante nuestra pregunta sobre si había desandado aquellos históricos pasos en el vecino país. –Me invitaron unos documentalistas franceses y argentinos.

Los ojos le brillan de emoción, por el relato y, tal vez, por ese futuro encuentro con la épica geografía que, hace casi 50 años, fue escenario de aquellos hechos. No es para menos…

El último reportaje a a José Ignacio Rucci

Otro lauro periodístico que cosechó Walter en el ejercicio de su profesión fue haber sido el último en entrevistar al líder metalúrgico José Ignacio Rucci. Cuenta Walter: -Cuatro días antes de su trágica muerte, entrevisté a José Rucci para la revista “ASI”. Fue éste el último reportaje que concedió a una publicación argentina. La circunstancia -día y hora- en que se realizó la entrevista otorga especial significación a los conceptos que expresó ante mi grabador: -Estando en Madrid -comenzó- el general Perón me dijo: “-Rucci, usted no se preste al juego de la provocación porque la provocación está instrumentada por el propio régimen. Usted cuide la CGT. Vamos a necesitar, no a muy largo plazo, las estructuras intactas del movimiento obrero”. Y me señaló también: “-No conozco, y no existe en la historia, ningún gobierno de la característica del gobierno de Lanusse, un gobierno liberal, un gobierno que responde a los monopolios internacionales, un gobierno que tiene sus mandantes en el extranjero, que pueda ser el cauce que permita establecer la justicia social en nuestro país. En consecuencia, todos aquellos dirigentes gremiales que cuentan con la generosidad de la prensa dirigida por el propio gobierno para criticar a la CGT, para criticarlo a usted, en definitiva son instrumentos y sirven a los intereses de ese gobierno.”

 

“En un lugar como la escuela, donde las víctimas visibles son los niños, la constatación de la injusticia se torna insoportable”

con No hay comentarios

ana-solhaune

Escuchar a Ana Cazzoli de Solhaune es gratificante. Es docente desde que se acuerda, y reivindica su profesión desde el amor y desde la firme convicción de que la escuela puede brindar las herramientas para que los chicos más excluidos vislumbren una oportunidad. En su libro “Una Escuela, un barrio”, declarado “De interés municipal” por nuestra iniciativa, describe su experiencia al frente de la Escuela 1027 “Luisa Mora de Olguín”, de Barrio Ludueña, donde fue Directora. Junto a otros docentes, fue motor de una ardua experiencia social enfocada en la inclusión.

Ana está jubilada, aunque siempre repite que trabaja ahora casi al mismo ritmo de siempre. Tiene una sonrisa instalada que ilumina su rostro y su voz. “Siempre sentí la vocación docente”- nos dice. “Con 9 años ya reunía a los chicos y chicas del barrio para hacer las tareas alrededor de un pizarrón improvisado. Por ese entonces mi hermana ya era maestra y yo veía en todos estos ejemplos vivientes, mi futuro en una escuela.”

Nacida en Rosario, hija de inmigrantes italianos, vivió su infancia y juventud en una casa situada enfrente de la escuela Manuel Belgrano, a tres cuadras del Colegio Salesiano San José y a siete del Normal 2. “- Estas tres escuelas marcaron mi historia familiar. Por ellas pasaron mi infancia y adolescencia, así como las de mis hermanos. En casa se hablaba mucho de la bondad de docentes que hacían de su profesión un valioso testimonio de vida..”

Su trabajo fue intenso y pleno: En 1963 se recibió de Maestra Normal Nacional y trabajó 15 años en la primaria del Colegio La Inmaculada, 30 años como directora en Ludueña y 10 años en el Profesorado de Nivel primario Santa Rosa de Viterbo de San Lorenzo. “En el 2014 cumplí las Bodas de Oro en la docencia y me retiré de esta actividad”– refiere.

La conversación vira hacia lo familiar: -Mi familia fue y es mi principal proyecto de vida. Con Aquiles, también docente,  llevamos 49 años de casados. Tenemos 4 hijos y 7 nietos que son toda nuestra alegría. Y me enorgullece que  en mi familia siga circulando, como una sagrada herencia, la vocación docente. Vamos por la cuarta generación, y no es casualidad.

En su libro “Una escuela, un barrio”, Ana detalla proyectos, vivencias y luchas en torno a su trabajo en la “Escuela de Ludueña”, como se llama casi familiarmente a la escuela 1027 “Luisa Mora de Olguín”.Este libro, escrito desde el corazón, quiso hacer presente un trabajo colectivo incansable, apasionado, comprometido y amorosamente entregado para los injustamente olvidados de nuestra sociedad.

Le consultamos cómo empezó esa experiencia y nos cuenta: –Llegué por invitación del Padre Edgardo  Montaldo, a quien conocía del Colegio San José.  Fue impactante encontrar en un lugar materialmente tan pobre, tanto corazón solidario, tanta fuerza puesta para escolarizar a niños con múltiples carencias. Un domingo por la mañana se estaba preparando la celebración de la misa en un precario salón multiuso instalado en el centro de un amplio patio de tierra. El lugar, los rostros, las reflexiones sobre el evangelio del día, la amabilidad y el interés que despertaba mi presencia allí me dieron la certeza de que había encontrado mi lugar en el mundo.

Cuando el Padre Montaldo me ofreció ser la Directora, porque se jubilaba Doña Luisa, primero dudé, porque me pareció que no merecía tanto honor. Pero después de meditarlo  durante un mes, le di mi consentimiento.

Se ve que el Padre Montaldo tenía buen ojo: Cuando Ana comenzó como Directora, en febrero de 1981, la escuela tenía 7 aulas y 160 alumnos. En el año 2000 el edificio tenía 3 plantas para la primaria y un edificio nuevo construido por el programa PROMIN para el Jardín Belén. Sumaban 833 alumnos, y en el 2008 se inauguró el secundario. -La escuela creció porque siempre estuvo abierta a todos, especialmente a los excluidos de otros establecimientos. – nos dice Ana. – En la década del 90 aumentó significativamente la pobreza. Muchos conciudadanos abandonaron los barrios para habitar en los terrenos entre las vías, faltaba el  trabajo y no podían pagar alquileres. También llegaron en oleadas familias provenientes de otras provincias buscando escuela, atención sanitaria y algún medio de vida .La escuela dio respuesta a tantas necesidades con proyectos que no sólo tenían que ver con lo escolar sino, también, con lo social. En nuestro patio se hicieron ferias, trueques, asambleas barriales. Implementamos talleres para madres y padres. En un lugar como la escuela, donde las víctimas visibles son los niños, la constatación de la injusticia se torna insoportable. Lo más triste de estas situaciones de inequidad es que, al ser históricas, tienen estabilidad y han sido socialmente naturalizadas. En la 1027 docentes antidestino lucharon y luchan contra la adversidad y favor de la escolaridad. Esto es lo cotidiano. No fue sólo el aprendizaje escolar, dar de comer, cubrir los cuerpos, fue sobretodo integrarnos a un trabajo conjunto escuela y barrio para logra un verdadera inclusión. Por eso el libro se llama “Una escuela, un barrio: son dos lugares sociales fundantes que siguen un camino cuyo objetivo común, que es la inclusión para una vida digna.

Ana continúa ligada al barrio, y el motivo no puede ser más válido: –Es la gente que sigo amando. Uno se jubila de un trabajo, no de los afectos.

La sonrisa se le nubla un poco cuando le preguntamos por la situación actual de los barrios: – Con mucha tristeza veo el decaimiento. A veces, me viene a la memoria situaciones ya vividas en la década del 90. Otra vez se vuelve al cirujeo, a  los chicos mendigando…La droga está haciendo estragos en chicos de edad cada vez más temprana. Y, mientras nos rodea tanto sufrimiento y riesgos sociales, vemos con asombro que las prioridades  no pasan por dignificar la vida delos más humildes.

La entrevista se cierra con un pedido: Por favor urbanicemos los asentamientos irregulares y visibilicemos a nuestros pobres

Entrevista a Patricia Bottale: “El mejor regalo que puedo recibir es saber que toqué las emociones de los chicos con una de mis historias”

con 1 comentario

 

Patricia estudió para recibirse de Profesora de Historia, y lo logró. No solo es docente, sino investigadora. Pero se nota que hubo algo respecto de las historias que la movió a ir más allá: también se dedica a producirlas como escritora. Fue precisamente por eso, y por su trayectoria en ese rumbo, que entró en contacto con nosotros. En el marco de nuestro Foro de Prevención de Adicciones, le pedimos que escribiera un relato que sirviera para transmitir un mensaje: cada chico puede elegir decir “no” al consumo, y esa es una herramienta poderosa. “El Otro Espejo” es la hermosa obra que Patricia escribió, y que compartimos en talleres con chicos de escuelas rosarinas.
Hoy dialogamos con ella para conocerla un poco más.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos como escritora?

Yo creo que estas cosas se maman en casa. Mi mamá era una experta en literatura. De chiquita me acostumbré a ir a dormir con un libro. Creo que cuando uno lee mucho, te dan ganas de contar tus propias historias. Me gustaba leer libros de aventuras, así que escribía historias de aventuras. Para escribir tenés que leer mucho.
Una vez leí que el mundo sigue en marcha porque se siguen moviendo las historias.

 

¿Sobre qué te gusta escribir?

Me gusta escribir cuentos breves, historias no muy extensas. Más que nada, me gusta escribir algunos momentos especiales dentro de las historias.

 

Con “El Otro Espejo”, Patricia logró lo que necesitábamos a fin de instalar la cuestión de una elección propia de los chicos frente al consumo de drogas. Agustín, el protagonista de su relato, puede ver cuál es su futuro deseado antes de probar drogas, así como cuál será su destino si elige probar. Parte de lo que Agustín deja como mensaje al final del cuento, es una guía para los chicos lectores: “Frente a la maldad organizada, vayamos contra la corriente, hagamos al revés; para dormir sin miedo, para abrazar sin pensar, para bailar, para jugar, para compartir, para creer… digamos NO.”

 

¿Cómo fue escribir “El Otro Espejo”?

Este cuento representó para mí un triple desafío. Por un lado, no escribo para chicos habitualmente. En realidad, no escribo para chicos hace mucho tiempo. Además, debía considerar algunas cuestiones particulares: la edad del personaje, que debía rondar los 11 años; el entorno, que debía estar descrito y la situación de elección entre el sí y el no a las adicciones. Por último, el cuento también tenía que dejar pensando a los chicos.

 

¿Cuál es tu principal motivación?

Para mí, es fantástico tocar la emoción de las personas con una historia. Es un arte poder crear un texto que aunque sea le llegue a una sola persona.

Eduardo Ceballos: “No sé si yo busqué al Teatro o él me buscó a mí”

con No hay comentarios

eduardo-ceballos

En el ambiente del Teatro, su nombre es sinónimo de trayectoria. Prolífico director y docente, hoy dirige la Asociación de Teatros Independientes de Rosario y preside la Asociación “Amigos del Arte”. El nombre de la Asociación resalta un lazo afectuoso, y Eduardo lo remarca con su actitud. Esperamos a una delegación de chicos de sexto grado de la escuela “Cacique Taigoyé”, para una función de “ Zapatones”, obra que Eduardo adaptó para enmarcarla en nuestro Foro de Prevención de Adicciones. Cuando terminó la función, al pie del escenario vacío, nos sentamos a conocerlo un poco más.

Empecé en teatro en 1968 –nos relata Eduardo- No sabía bien de dónde salió esa vocación, porque no hay artistas en mi familia. Pero mi madre me contó que mi abuelo, descendiente de alemanes, tenía un baldío en mi ciudad natal, Firmat. Ese baldío, ahora veo, fue muy importante, porque cuando iban los circos a Firmat, mi abuelo les prestaba el terreno y teníamos entrada gratis. Entonces, mi abuelo me llevaba desde mis 2 años, a cada función. Siempre fui un enamorado de los payasos, y después de esa charla con mi vieja, me di cuenta de por qué.

Pero Eduardo no hizo teatro desde pequeño. – Después de vivir 3 años en Río Grande, Tierra del Fuego, en 1967 vine a Rosario a pasar las fiestas de fin de año. – evoca. -Me encontré con mi familia y no volví más al sur, pero además de ellos, no tenía ni conocidos ni amigos. Pasaron seis meses de deambular, hasta que vi en el diario “la Capital” una gacetilla que decía “Se dictan cursos de teatro en el Club Provincial”. Asistí a esas clases y nunca más paré.

Además de ser actor, Eduardo es docente y director teatral. -Mi vocación docente la encuentro en mi viejo –nos cuenta. -Él trabajaba en Vialidad como capataz. En uno de los recorridos que hacía arreglando rutas, pararon en San Andrés de Giles. Entre los empleados había un muchacho santiagueño, de apellido Cabral, que no sabía leer ni escribir. Los patrones siempre hacían alguna “agachada” con los números, y no le liquidaban siempre lo mismo. Mi viejo lo veía, y le daba bronca. Entonces, cada tarde, después del trabajo, Cabral iba a mi casa y mi viejo le enseñaba. Con paciencia, aprendió.

El ida y vuelta de la charla nos muestra que este hombre no hace teatro, sino que lo vive, lo respira cada segundo. Esa pasión y su experiencia le dan una visión sumamente rica: -A través del tiempo, sobre todo en la docencia, me di cuenta que yo podía ayudar, contener a la gente. Ahí sentí que no sabía si yo había “buscado” el teatro, o él me había buscado a mí. El teatro no es solamente actuación. Con esa experiencia y esa premisa, me interesé en el psicodrama y lo estudié. Y todas las cuestiones de contención, de lo grupal, de poner el oído y el cuerpo, me lo brindó el teatro.

Los chicos de la escuela Taigoyé disfrutaron de la función de un modo especial: estuvieron sumamente atentos, se rieron a carcajadas, interactuaron con los actores, y ninguno quiso perderse la oportunidad de abrazar a los protagonistas para una foto, o de jugar con la utilería.

Al respecto, dice Eduardo: -Esta experiencia demuestra que podemos llegar al público de un modo tal que mostramos la realidad sin que duela tanto. Si el tema de “Zapatones” lo hubiésemos presentados tal como es, los chicos se hubiesen ido espantados. En la obra, con la escenografía referida al circo, con el vestuario exagerado de los payasos, todo parecía una broma, pero una vez que el público se instaló y empezó a aceptar a los personajes, nada pasó desapercibido. A uno de los personajes, su padre le dejó un recuerdo que, por una parte es amoroso, porque remite a su propia profesión, pero por el otro es hiriente porque era alcohólico. Es un mensaje subliminal que está planteado de un modo tal que llega sin lastimar.

Nos hemos quedado solos en la sala, y le preguntamos sobre el futuro. Nos respondió lo que ya dice su mirada: -No quiero parar, y cuando me relajo en mi casa, viendo una película, me siento raro. Pienso seguir estudiando. Toco el bandoneón, y el año que viene quiero ir a la escuela Municipal a perfeccionarme y seguir en el teatro desde la música. El otro gran sueño que tengo es transformar Amigos del Arte en un Centro Cultural.

1 2