Ser concejal de una ciudad como Rosario implica verdaderamente un desafío.

Alguna gente tiene una visión crítica del trabajo del concejal.

Nuestra función es representar a los ciudadanos, hacer visibles sus problemas y proponer posibles soluciones o mejor soluciones posibles. También es primordial el control al poder ejecutivo, el cumplimiento de sus planes de trabajo y promesas y el uso correcto de los recursos públicos, que son de todos.

Rosario está en un momento difícil, para mí producto de años de malos gobiernos con algunos aciertos. Por eso cada una de nuestras propuestas y críticas las hacemos con responsabilidad y fundamentos.
Rosario necesita volver a creer en Rosario, reconocer su impronta, su fuerza productiva, su independencia y creatividad.

Necesita volver a confiar en sí misma y sin hipocresía trabajar para resolver sus problemas.

Los hay y muchos, negarlos es un obstáculo para superarlos. Naturalizarlos, creo, es lo peor que podemos hacer.

 


 

 Podemos estar mejor.